Expedición al Mar de Sal

Kitebuggy en Uyuni, el salar más grande del mundo!

 

 

By Marcelo M. Fornaso  

 

 

En el sudoeste de Bolivia se encuentra el Salar de Uyuni que, con 12.000 km2 de extensión, es el más grande del mundo. Mide aproximadamente 150 km de largo por otro tanto de ancho, y se encuentra a 3.670 m. de altura sobre el nivel del mar. Es uno de los pocos detalles del planeta reconocibles a simple vista desde la Luna.

 

 

Y nos fuimos a Uyuni !!!

Por fin!, después de ocho meses de planes pudimos concretar nuestra Expedición al Mar de Sal.

 

Historia:

 

En algún momento durante 2005 me enteré que existía el Salar. Recuerdo en ese momento haber leído bastante sobre él en internet y evaluar la posibilidad de que sirviera para practicar kitebuggy, pero encontré muchas historias trágicas de gente perdida, de falta de agua, de distancias enormes y fríos terribles. De todas maneras lo peor parecía ser que no había medios prácticos para llegar hasta allá con equipo, ni forma de tener asistencia en el lugar. Parecía demasiado difícil. Entonces me olvidé.

Pero el domingo 19 marzo de 2006, charlando con mi hermano gemelo en la puerta de casa (él vivió un año en Bolivia hace mucho), me contó que había pasado en tren por el borde del Salar de Uyuni. EN TREN!!!!!!

Inmediatamente me fui a la cartografía de mi GPS y encontré las vías, que salían desde La Quiaca (en Argentina) y llegaban hasta Uyuni y seguían hacia Oruro y La Paz. En quince minutos, vía internet, tenía todo el recorrido, horarios y tarifas de mi viaje a Jujuy, La Quiaca y Uyuni.

Esa tarde me llamó Juano (Casaccione), le conté y se anotó inmediatamente.

 

 

El Plan:

Ya tenía el plan: Salida el domingo desde Buenos Aires en omnibus y llegada a La Quiaca el lunes al mediodía. Taxi para cruzar la frontera, y a las 16:30 Hs. tren a Uyuni. Llegada a medianoche y ya tenía hotel (el Avenida). A la mañana del martes recorrer el pueblo y buscar transporte a Colchani. Entrar al Salar al mediodía y rodar hasta el centro. Dormir a 15 grados bajo cero mirando las estrellas. El míercoles cruzar el Salar, rodar, rodar, rodar. Dormir en el Hotel de Sal. Jueves volver felices. Viernes tren a Villazón, sábado ómnibus de vuelta a Buenos Aires.

 

Preparación:

 

Los días siguientes fueron un frenesí de internet. Miles de páginas, sitios, relatos, fotos, mapas. Conozco todos los hoteles, todas las operadoras de turismo, todos los pueblos cercanos. La estación seca dura de mayo a noviembre. Empiezo a hacer la lista de materiales necesarios.

Y entonces me tuve que ir a trabajar a Tartagal (Salta, Argentina)... en una obra que duró 6 meses!. Con Juano charlábamos por teléfono casi todos los días. Ya queríamos estar allá!

Vamos a ir sólo dos pilotos. Cualquier número mayor complica todo exponencialmente.

El 11 de mayo me tomé un franco y nos encontramos con Juano en Buenos Aires para ajustar el plan.

El viernes 18 de agosto, durante otro franco, nos fuimos al encuentro de kitebuggy en Claromecó. Yo llevaba mi bolsa de dormir nueva para probarla. Nos enteramos de que Germán (Meliante) estaba en Uyuni! Pero no se había llevado el buggy. Seguro que va a decir que él nos dió la idea... Ja!

El 21 de setiembre llamé a Bolivia y reservé hotel y pasajes. A principios de Octubre terminé la obra en Tartagal, volví a Buenos Aires y empezamos la fase final.

 

El Viaje:

 

Como referencia:

us$ 1 = bs$ 8.00

us$ 1 = ar$ 3.10

ar$ 1 = bs$ 2.50

 

Decidimos adelantar la salida al sábado, para tener más tiempo. El domingo viajaríamos en bus desde Villazón a Uyuni, en vez del tren.

Partimos el 14 de octubre. Teníamos pasajes en Balut (ar$ 140) para las 10:00 hs. desde Retiro, pero nos informaron mal la dársena de salida y lo perdimos...!!! Angustia, desconcierto, corrida, remise hasta la terminal de Liniers y embarcamos allí.

El equipaje es todo un tema. Yo llevaba 6 bultos: Caños del buggy, ruedas del buggy, baúl del buggy, bolso de ropa, bolso de kites y colchoneta aislante. Juano llevaba menos, pero uno de sus bultos medía 150 cm x 50 cm x 30 cm y pesaba 40 Kg.! Hasta le pusimos nombre! se llamaba "El Abuelito", porque eso es lo que contestábamos cuando nos preguntaban qué había adentro...

Sentados en los asientos 1 y 2, arriba, viajamos cómodos hasta La Quiaca. Llegamos a las 13:00 hs. del domingo y contratamos un taxi flet (ar$10) hasta la frontera, a cinco cuadras. Allí hicimos los trámites de ambos lados y tomamos dos carritos (bs$ 5 c/u) para llevar el equipaje hasta la terminal de Villazón, a 5 cuadras.

Problema: Los domingos no hay nada directo hasta Uyuni. Solamente hasta Tupiza, a 100 km. de Villazón. No había más remedio, así que hacia allá salimos a las 15:30 hs., en los asientos 51 y 52 (al fooondo!) de un colectivo viejo de la empresa Segovia (bs$ 30),  Llegamos dos horas después, bastante zamarreados por el serrucho del camino (en Bolivia no hay caminos asfaltados en toda la zona sur, hasta Oruro, y en muchas partes no hay ni siquiera caminos...). Otra vez carrito (Don Modesto nos contó que tiene hijos en Buenos Aires) y nos metimos en el Hotel Mitru (bs$ 80 c/u), que nos recomendó una parejita de ingleses muy simpáticos en Villazón. El hotel es el mejor del pueblo, con pileta de natación y buenas instalaciones, pero podríamos haber estado casi igual de cómodos en el Hostal Valle Hermoso, que es mucho más barato.

Allí comenzamos a sentir los primeros síntomas del Sorojchi o Mal de Altura (Tupiza está a 3400 m.s.n.m.). Nada grave, pero nos mareábamos fácil y nos agitábamos un poco con los esfuerzos. El sorojchi no permite dormir bien y también quita el apetito y la sed.

Perdimos un día en Tupiza. Paseamos, visitamos el Mercado Negro, compramos pavadas, comimos pizza y tratamos de dormir la siesta en la plaza.

Para ir a Uyuni (a 200 km. de Tupiza) el lunes a las 11:00 hs. hay camionetas que tardan 5 hs., pero no nos iban a cargar tanto equipaje. También hay un colectivo que tarda 9 hs.(!) y si no, el tren Wara Wara de las 19:00 hs., que tarda 6 hs. y en clase ejecutiva (bs$ 64) te dan un refrigerio y pasan películas. Nos fuimos en tren.

Llegamos a Uyuni a la 1:15 hs. del martes y el Hotel Avenida queda cruzando la calle. Conseguimos la última habitación doble con baño privado (bs$ 40 c/u) y enseguida estábamos durmiendo. Me desperté un poco cuando me dí cuenta de que en el tren me había olvidado la riñonera con ar$ 800, us$ 130, un reproductor MP3, la cámara digital y los lentes. Por suerte tenía conmigo mi billetera con tarjetas, documentos y unos bs$700.

El martes a la mañana fuimos a la estación a preguntar por la riñonera. Llamaron a Oruro por teléfono y el tren recién estaba llegando. Hablaron con el jefe del tren, encontraron mis cosas y me las enviaron. El viernes me las devolvieron. No faltó NADA.

Después desayunamos en Kactus (bs$ 10) y nos fuimos a dar una vuelta. Apuntamos un taxi grande (Sr. Santos) que después de regatear un poco por bs$ 100 nos llevaría hasta la entrada del Salar (a 25 km.). Volvimos al hotel, preparamos el equipo, dejamos al "Abuelito" en depósito y charlamos con unos franceses, dos adultos y tres críos, que andaban en dos bicicletas tándem más una bici chiquita...(!?) Hay mucho loco en moto, en bicicleta, y en buggy!!!

Vino el taxi y el martes 17 a las 13:15 hs. descargábamos los buggys en la entrada del Salar de Uyuni. Es igualito que en las fotos!!!

 

El Salar:

 

Armamos todo y salimos para el norte con velas grandes (Cquad 6.3 y foil Halawa 6.5, las únicas que usamos en todo el viaje). Había poco viento del NO. Anduvimos un rato. El piso es bueno, pero no excelente. Está todo dibujado de hexágonos de 1 m. de diámetro con bordes que sobresalen y esos bordes se sienten bastante con las ruedas infladas duras.

Recorrimos un poco hacia el norte y cambiamos rumbo hacia el SO, para ir al famoso Hotel de Sal. Ahora hay varios hoteles de sal en el borde del Salar, pero adentro mismo hay uno solo, el Playas Blancas.

Llegamos al hotel a eso de las 16:30 hs. casi sin viento y allí murió. El hotel estaba cerrado y nos quedamos un rato mirando por las ventanas y descansando porque no soplaba nada. Llegaron unos turistas holandeses y charlamos un rato (sobre la Princesa Máxima, por supuesto!).

Entonces se levantó una brisa (17:30 hs.) y salimos pronto. Anduvimos bien unos cuantos kilómetros. El viento aumentaba y al rato aparecieron unas ráfagas violentas que me obligaron a derivar para aflojar la tensión y llegué a 67 km./hr. (con mi cquad 6.3!!!). Si me sacaba del buggy la sal me hubiera sacado la carne hasta el hueso. La sal suena como vidrio y corta como navajas. Es tremendamente abrasiva y nos comió los neumáticos.

Pasado el susto salí a buscarlo a Juano que estaba como a 1 km. (también con cara de susto porque había quedado en dos ruedas...) y donde nos encontramos nos plantamos. Eran las 18:30 hs. y quedaba poca luz. No había nada en muchos kilómetros a nuestro alrededor. Cualquier lugar, un poco más acá o más allá, era igual para armar el vivac.

Todavía había viento y hacía frío. El calentador no andaba bien y se apagaba, sería la altura? Tratábamos de hacer una barrera al viento y nos morimos de frío. Estuvimos como dos horas tratando de cocinar unos fideos que terminaron en una porquería apenas calentita e incomible. Nos fuimos a dormir a las 21:00 hs. con +1 ºC. Yo tenía una mini-carpa individual (donde no entraba sentado), Juano solamente una bolsa de vivac para cubrir su bolsa de dormir.

Nunca vi tantas estrellas en el cielo. Escribí un poco y me dormí con una botella de agua como almohada.

A la 1:00 hs. la temperatura exterior era  -1 ºC, a las 2:30 hs. hacían -5 ºC y a las 5:30 hs. eran -7 ºC !!!

A las 7:00 hs. ya había salido el sol, pero a la sombra había -8 ºC. La carpita tiene todo el interior tapizado de escarcha, y en las pestañas tenemos hielo!!! Pero no fue una mala noche, no tuve nada de frío (Juano quizás un poquito...).

Para el desayuno leímos el manual del calentador... le dimos más presión y en un ratito nos hicimos un café con leche bien caliente.

El miércoles fue malo. A la mañana caminamos como una hora hasta una de las rutas de las camionetas que cruzan el salar y allí hicimos varios intentos de rodar. Con viento NO de menos de 10 km/hr. de a ratos lo conseguíamos pero fué más lo que estuvimos parados (durmiendo siesta). El sol quema y enceguece. Por suerte estábamos bien cubiertos y teníamos capuchas para cubrirnos la cara y la cabeza.

Como a las 16:00 hs. enfilamos para el Hotel de Sal con la intención de acampar esa noche con un poco más de reparo.

El camino fue lento. Como a 6 km. del hotel se murió el viento así que caminamos. El sorojchi nos seguía molestando, me tuve que tirar a descansar un par de veces. Llegamos muertos al hotel, justo para ver la caída del sol con un grupo grande de turistas que se había reunido allí (holandeses otra vez, Princesa Máxima otra vez...). Descansamos un poco y cuando me levanté para ver el otro lado del hotel, en donde pensábamos acampar, encontré que el hotel estaba abierto!. La dueña recién había llegado y por us$ 20 podíamos pasar la noche, con cena y desayuno incluídos (sin electricidad ni agua caliente). Nos zambullimos en un cuarto!

Fué fantástico. En el hotel además de nosotros esa noche pararon tres chicas y dos chicos suizos muy simpáticos. Cenamos todos juntos (sopa de verduras, pollo con arroz) a la luz de las velas y charlando en cinco idiomas, porque algunos eran del cantón franco-suizo y otros del suizo-alemán.  Nos convidaron chocolates suizos y un vino boliviano bastante feo. Salimos un ratito a mirar las estrellas y nos fuimos a dormir antes de congelarnos.

El jueves amanecimos mal por el sorojchi: mucho dolor de cabeza, pero una aspirina lo arregló. Fueron los últimos síntomas que sentimos durante el resto del viaje. Nos esperamos entre todos para desayunar juntos y nos mandamos un desayuno multilingüe de dos horas! Muy divertido!. Mientras tanto entraban turistas de las excursiones a visitar el hotel. Entraron los inglesitos de Villazón!, una alegría verlos.

De viento ni hablar. Estuvimos hasta el mediodía con una brisita. Los suizos se fueron y nos quedamos con Juano filmando y sacando fotos con dos españoles, haciendo "dos ruedas" con el buggy cargado a full!. En un momento intentamos una salida hacia el norte, hacia el volcán Tunupa, pero no nos daba ni la intensidad ni la dirección del viento, así que nos volvimos al hotel y decidimos la salida del Salar. Llegamos de empopada hasta el borde y allí el piso era más liso, así que nos quedamos filmando un rato. Después tomamos el camino de salida, se terminó la sal y empezó la tierra y pudimos llegar hasta un kilómetro de Colchani.

En el borde del pueblo visitamos un museo (?) con figuras de sal y nos fuimos a buscar el único teléfono del pueblo, que funciona con tarjetas que vende un señor, que se había ido de viaje... Esperé que la hija del señor saliera de la escuela, la convencí de que me vendiera una tarjeta y me marcara el número de nuestro taxista (Sr. Santos). Hablé con el celular del cuñado del taxista que le avisó pero pinchó una rueda en el camino (UFFF!!!). A las 19:00 hs. nos recogió en la estación a la entrada del pueblo y nos llevó a Uyuni, al hotel Avenida, esta vez con baño compartido (bs$ 25 c/u). Los baños son unisex.

Nos pegamos una ducha (la última del viajeeeee...) y nos fuimos a pasear por el pueblo (encontramos a los inglesitos otra vez!), grabar las fotos en un CD y cenar en el restaurante La Loco (tiene una locomotora adentro).

Buena cena. Me comí un bife de llama (espero que haya sido la odiosa "llama que llama" del aviso de televisión) y Juano se comió casi una pizza entera, que lamentó el resto del viaje.

Dormí bárbaro. Se había terminado el sorojchi.

El viernes desayunamos en Kactus, recuperamos en la estación mis cosas olvidadas en el tren y sacamos los pasajes de vuelta para esa noche, alistamos el equipaje, dejamos el hotel y contratamos una excursión a la Isla Incahuasi (us$ 15 c/u), para aprovechar el día.

Fuimos en dos camionetas 4x4, con un grupo de bolivianos, dos argentinitas muy simpáticas y una neozelandesa. Primero paramos en Colchani para ver cómo procesan la sal artesanalmente y después nos fuimos a la isla que es muy pintoresca y vale la pena visitar. Subimos a la cumbre, vimos los cactus de 1200 años (crecen 1 cm. por año), almorzamos haciendo ruido en inglés y en español y nos fuimos hacia el norte unos 80 km., al volcán Tunupa. Llegamos cerca, jugamos un rato en la sal, sacamos fotos raras y nos volvimos.

 

La Vuelta:

 

Llegamos a Uyuni medio tarde, pero con tiempo para cenar algo y abordar el tren Expreso del Sur (bs$ 152) a las 22:15 hs. En el andén estuve charlando con unos australianos locos que iban a Buenos Aires (cuesta bastante entenderles el acento...).

Viajamos bien toda la noche y dormimos. Desayunamos en el vagón comedor y llegamos a Villazón a las 7:30 hs. del sábado.

Se nos ocurrió que sería mejor tomar el bus que sale desde Villazón directo a Buenos Aires (bs$ 460), en vez de cruzar la frontera y embarcar en La Quiaca, para no mover tanto al "Abuelito". Fue un error.

Embarcamos como a las 10:00 hs., hicimos unas cuadras hasta la frontera y nos comimos como 5 hs. de trámites...!!! Inmigración boliviana fué fácil, aún cuando yo había perdido mis papeles de ingreso al país hermano. Pero inmigración argentina es una vergüenza. Estuvimos cuatro horas en una cola, al sol, parados, sin comer y casi sin beber. Hay un solo gendarme en una ventanilla ingresando datos con dos dedos en un teclado. Me dió bronca por nosotros y vergüenza por los extranjeros que estaban allí tratando de visitar mi país. Y todavía teníamos que hacer aduana, donde el personal no es nada amable, hay un par de señoras que tratan a nacionales y extranjeros como ganado. Después de un rato me cansé, llevábamos casi cinco horas allí, fuí a hablar con el Jefe de Gendarmería, me quejé de buena manera con la Jefa de la Aduana y en un rato revisaron a todo el pasaje del bus y pudimos seguir.

El bus de Buses Potosí no es tan bueno como los buses argentinos. Tiene mejor servicio, pero menos confort. Otra vez estábamos en los asientos 1 y 2 (je!) pero el viaje no fue tan bueno. El aire acondicionado no alcanzaba y estábamos a más de 30 ºC, y nos habíamos bañado por última vez el jueves..., la atmósfera era irrespirable (créanme).

En fin, el domingo 22 de octubre a las 16:30 hs. terminábamos en Liniers nuestra expedición al espectacular, enorme y magnífico Mar de Sal.

 

Comentarios y Conclusiones:

 

En tres días pudimos recorrer apenas unos 85 km. Quisimos hacer más. Queríamos cruzar el Salar, por lo menos llegar hasta la Isla Incahuasi, pero nos faltó viento.

De todas maneras valió la pena el esfuerzo. Todo el viaje fué fantástico y supongo que debemos tener el récord mundial de altura de travesía en kiteguggy!

Nos quedaron algunas ganas de volver otra vez. Ya veremos.

Llegar a Uyuni no es tan difícil, sólo lleva tiempo, pero entrar al Salar con los buggys requiere preparación y equipo especial. No se puede improvisar.

El Salar es peligroso. Más allá de los antecedentes de gente perdida y muerta de hambre, frío o sed, el piso es extremadamente abrasivo y cortante. Una caída desde el buggy en movimiento a cualquier velocidad puede producir heridas muy graves. También lo sienten las líneas, bridas y kites. Los nuestros se estropearon bastante.

Hay que entrar con neumáticos nuevos, porque la sal los devora.

También conviene llevar toda la protección posible contra el sol. Hay que cubrirse todo porque el reflejo del sol en la sal no perdona. Nosotros llevábamos inclusive capuchas para cubrirnos las caras.

Del frío ni hablar. Hay que prever varias capas de ropa aislante como para alta montaña (son casi 3700 m.!).

También hay ojos de agua profundos; la mayoría son pequeños, de unos 10 cm. de diámetro, pero en algunas zonas hay muchos de éstos, como cada 2 m. en cualquier dirección. Y hay otros más grandes. Cerca del Hotel de Sal hay uno de más de medio metro de diámetro que si no se vé puede provocar un accidente o rotura, y cuentan que hay otros de 3 m. de diámetro...

Yo había calculado un mínimo de dos litros de agua por día por persona, pero dos litros y medio es más realista. Llevábamos casi ocho litros cada uno, en botellas plásticas que acomodamos en unas bolsas de tela resistente, atadas a los laterales del buggy.

El GPS es una ayuda fundamental. Yo había hecho mucha investigación y generado un archivo de mapas y waypoints importante, que nos mantuvo ubicados en todo momento. De todas formas los días que estuvimos en el salar la visibilidad fué excelente y el volcán Tunupa se veía con claridad a 100 km. de distancia, así como otros detalles del relieve de los alrededores (sobre todo en la mañana).

El Salar de Uyuni es una maravilla de la naturaleza ubicado en un sitio inhóspito. Conocerlo es extraordinario, pero para poder disfrutarlo en kitebuggy hay que ir suficientemente preparado.

Si los Himalaya son el techo del mundo, el Salar de Uyuni debe ser su terraza...

 

Links:

 

 

 



Juano se portó como un señor todo el viaje. Desde el principio de nuestros planes estuvimos siempre de acuerdo y en todo momento funcionamos muy bien como equipo.

Su experiencia en travesías en bicicleta y su conocimiento del equipamiento fue muy importante para el éxito de nuestra aventura.

Espero que haya disfrutado este viaje por lo menos la mitad de lo que yo lo disfruté!


 

Buenos (y salados) vientos para todos!

 

Marcelo M. Fornaso

 

Mail: marcelo(at)fornaso.com

Web: http://marcelo.fornaso.com