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Y nos fuimos a Uyuni !!!
Por fin!, después de ocho meses de planes
pudimos concretar nuestra Expedición al Mar de Sal.
Historia:
En algún momento durante 2005 me enteré que
existía el Salar. Recuerdo en ese momento haber leído bastante sobre él en internet y
evaluar la posibilidad de que sirviera para practicar kitebuggy, pero
encontré muchas historias trágicas de gente perdida, de falta de agua, de
distancias enormes y fríos terribles. De todas maneras lo peor parecía ser
que no había medios prácticos para llegar hasta allá con equipo, ni forma de
tener asistencia en el lugar. Parecía demasiado difícil. Entonces me olvidé.
Pero
el domingo 19 marzo de 2006, charlando con mi hermano gemelo en la puerta de casa
(él vivió un año en Bolivia hace mucho), me contó que había pasado en tren
por el borde del Salar de Uyuni. EN TREN!!!!!!
Inmediatamente me fui a la cartografía de mi
GPS y encontré las vías, que salían desde La Quiaca (en Argentina) y
llegaban hasta Uyuni y seguían hacia Oruro y La Paz. En quince minutos, vía
internet, tenía todo el recorrido, horarios y tarifas de mi viaje a Jujuy,
La Quiaca y Uyuni.
Esa tarde me llamó Juano (Casaccione), le
conté y se anotó inmediatamente.
El Plan:

Ya tenía el plan: Salida el domingo desde
Buenos Aires en omnibus y llegada a La Quiaca el lunes al mediodía. Taxi
para cruzar la frontera, y a las 16:30 Hs. tren a Uyuni. Llegada a
medianoche y ya tenía hotel (el Avenida). A la mañana del martes recorrer el
pueblo y buscar transporte a Colchani. Entrar al Salar al mediodía y rodar
hasta el centro. Dormir a 15 grados bajo cero mirando las estrellas. El
míercoles cruzar el Salar, rodar, rodar, rodar. Dormir en el Hotel de Sal.
Jueves volver felices. Viernes tren a Villazón, sábado ómnibus de vuelta a
Buenos Aires.
Preparación:
Los días siguientes fueron un frenesí de
internet. Miles de páginas, sitios, relatos, fotos, mapas. Conozco todos los
hoteles, todas las operadoras de turismo, todos los pueblos cercanos. La
estación seca dura de mayo a noviembre. Empiezo a hacer la lista de
materiales necesarios.
Y entonces me tuve que ir a trabajar a Tartagal (Salta,
Argentina)... en una obra
que duró 6 meses!. Con Juano charlábamos por teléfono casi todos los días. Ya
queríamos estar allá!
Vamos a ir sólo dos pilotos. Cualquier número mayor
complica todo exponencialmente.
El 11 de mayo me tomé un franco y nos
encontramos con Juano en Buenos Aires para ajustar el plan.
El viernes 18 de agosto, durante otro franco, nos fuimos al
encuentro de kitebuggy en Claromecó. Yo llevaba mi bolsa de dormir nueva
para probarla. Nos enteramos de que Germán (Meliante) estaba en Uyuni! Pero
no se había llevado el buggy. Seguro que va a decir que él nos dió la idea... Ja!
El 21 de setiembre llamé a Bolivia y reservé
hotel y pasajes. A principios de Octubre terminé la obra en Tartagal, volví
a Buenos Aires y empezamos la fase final.
El Viaje:
Como
referencia:
us$ 1 = bs$ 8.00
us$ 1 = ar$ 3.10
ar$ 1 = bs$ 2.50
Decidimos adelantar la salida al sábado, para
tener más tiempo. El domingo viajaríamos en bus desde Villazón a Uyuni,
en vez del tren.
Partimos el 14 de octubre. Teníamos pasajes en
Balut (ar$ 140) para las 10:00 hs. desde Retiro, pero nos informaron mal la
dársena de salida y lo
perdimos...!!! Angustia, desconcierto, corrida, remise hasta la terminal de Liniers y
embarcamos allí.
El equipaje es todo un tema. Yo llevaba 6
bultos: Caños del buggy, ruedas del buggy, baúl del buggy, bolso de ropa,
bolso de kites y colchoneta aislante. Juano llevaba menos, pero uno de sus
bultos medía 150 cm x 50 cm x 30 cm y pesaba 40 Kg.! Hasta le pusimos
nombre! se llamaba "El Abuelito", porque eso es lo que contestábamos cuando
nos preguntaban qué había adentro...
Sentados en los asientos 1 y 2, arriba,
viajamos cómodos hasta La Quiaca. Llegamos a las 13:00 hs. del domingo y contratamos un
taxi flet (ar$10) hasta la frontera, a cinco cuadras. Allí hicimos los
trámites de ambos lados y tomamos dos carritos (bs$ 5 c/u) para llevar el
equipaje hasta la terminal de Villazón, a 5 cuadras.
Problema: Los domingos no hay nada directo
hasta Uyuni. Solamente hasta Tupiza, a 100 km. de Villazón. No había más
remedio, así que hacia allá
salimos a las 15:30 hs., en los asientos 51 y 52 (al fooondo!) de un colectivo viejo de la
empresa Segovia (bs$ 30), Llegamos
dos horas después, bastante zamarreados por el serrucho del camino (en
Bolivia no hay caminos asfaltados en toda la zona sur, hasta Oruro, y en
muchas partes no hay ni siquiera caminos...). Otra vez carrito (Don Modesto
nos contó que tiene hijos en Buenos Aires) y nos metimos en el Hotel Mitru (bs$ 80 c/u),
que nos recomendó una parejita de ingleses muy simpáticos en Villazón. El hotel es el mejor
del pueblo, con pileta de natación y buenas instalaciones, pero podríamos
haber estado casi igual de cómodos en el Hostal Valle Hermoso, que es mucho
más barato.
Allí comenzamos a sentir los primeros síntomas
del Sorojchi o Mal de Altura (Tupiza está a 3400 m.s.n.m.). Nada grave, pero
nos mareábamos fácil
y
nos agitábamos un poco con los esfuerzos. El sorojchi no permite dormir bien
y también quita el
apetito y la sed.
Perdimos un día en Tupiza. Paseamos, visitamos
el Mercado Negro, compramos pavadas, comimos pizza y tratamos de dormir la
siesta en la plaza.
Para ir a Uyuni (a 200 km. de Tupiza) el lunes
a las 11:00 hs. hay camionetas que tardan 5 hs., pero no nos iban a cargar
tanto equipaje. También hay un colectivo que tarda 9 hs.(!) y si no, el tren
Wara Wara de las 19:00 hs., que tarda 6 hs. y en clase ejecutiva (bs$ 64) te
dan un refrigerio y pasan películas. Nos fuimos en tren.
Llegamos a Uyuni a la 1:15 hs. del martes y el
Hotel Avenida queda cruzando la calle. Conseguimos la última habitación
doble con baño privado (bs$ 40 c/u) y enseguida estábamos durmiendo. Me
desperté un poco cuando me dí cuenta de que en el tren me había olvidado la
riñonera con ar$ 800, us$ 130, un reproductor MP3, la cámara digital y los
lentes. Por suerte tenía conmigo mi billetera con tarjetas, documentos y unos
bs$700.
El martes a la mañana fuimos a la estación a
preguntar por la riñonera. Llamaron a Oruro por teléfono y el tren recién estaba
llegando. Hablaron con el jefe del tren, encontraron mis cosas y me las
enviaron. El viernes me las devolvieron. No faltó NADA.
Después
desayunamos en Kactus (bs$ 10) y nos fuimos a dar una vuelta. Apuntamos un
taxi grande (Sr. Santos) que después de regatear
un poco por bs$ 100 nos llevaría hasta la entrada del Salar (a 25 km.).
Volvimos al hotel, preparamos el equipo,
dejamos al "Abuelito" en depósito y
charlamos con unos franceses, dos adultos y
tres críos, que andaban en dos bicicletas tándem más una bici
chiquita...(!?) Hay mucho loco en moto, en bicicleta, y en buggy!!!
Vino el taxi y el martes 17 a las 13:15 hs.
descargábamos los buggys en la entrada del Salar de Uyuni. Es igualito que
en las fotos!!!
El Salar:
Armamos todo y salimos para el norte con velas
grandes (Cquad 6.3 y foil Halawa 6.5, las únicas que usamos en todo el viaje). Había poco viento del NO. Anduvimos
un rato. El piso es bueno, pero no excelente. Está todo dibujado de
hexágonos de 1 m. de diámetro con bordes que sobresalen y esos bordes se
sienten bastante con
las
ruedas infladas duras.
Recorrimos un poco hacia el norte y cambiamos rumbo hacia el
SO, para ir al famoso Hotel de Sal. Ahora hay varios hoteles de sal en el
borde del Salar, pero adentro mismo hay uno solo, el Playas Blancas.
Llegamos al hotel a eso de las 16:30 hs. casi
sin viento y allí murió. El hotel estaba cerrado y nos quedamos un rato
mirando por las ventanas y descansando porque no soplaba nada. Llegaron unos
turistas holandeses y charlamos un rato (sobre la Princesa Máxima, por
supuesto!).
Entonces se levantó una brisa (17:30 hs.) y salimos
pronto. Anduvimos bien unos cuantos kilómetros. El viento aumentaba y al rato aparecieron unas
ráfagas violentas que me obligaron a derivar para aflojar la tensión y llegué a 67
km./hr. (con mi cquad 6.3!!!). Si me sacaba del buggy la sal me hubiera
sacado la carne hasta el hueso. La sal suena como vidrio y corta como
navajas. Es tremendamente abrasiva y nos comió los neumáticos.
Pasado el susto salí a buscarlo a Juano que
estaba como a 1 km. (también con cara de susto porque había quedado en dos
ruedas...) y donde nos encontramos nos plantamos. Eran las 18:30 hs. y
quedaba poca luz. No había nada en muchos kilómetros a
nuestro alrededor. Cualquier lugar, un poco más acá o más allá, era igual
para armar el vivac.
Todavía había viento y hacía frío. El
calentador no andaba bien y se apagaba, sería la altura? Tratábamos de hacer
una barrera al viento y nos morimos de frío. Estuvimos como dos
horas tratando de cocinar unos fideos que terminaron en una porquería apenas
calentita e incomible. Nos fuimos a dormir a las 21:00 hs. con +1 ºC. Yo
tenía una mini-carpa individual (donde no entraba sentado), Juano solamente
una bolsa de vivac para cubrir su bolsa de dormir.
Nunca vi tantas estrellas en el cielo. Escribí
un poco y me dormí con una botella de agua como almohada.
A la 1:00 hs. la temperatura exterior era -1 ºC,
a las 2:30 hs. hacían -5 ºC y a las 5:30 hs. eran -7 ºC !!!
A las 7:00 hs. ya había salido el sol, pero a
la sombra había -8 ºC. La carpita tiene todo el interior tapizado de
escarcha, y en las pestañas tenemos hielo!!! Pero no fue una mala noche, no
tuve nada de frío (Juano quizás un poquito...).
Para el desayuno leímos el manual del
calentador... le dimos más presión y en un ratito nos hicimos un café con leche bien caliente.
El miércoles fue malo. A la mañana caminamos
como una hora hasta una de las rutas de las camionetas que
cruzan el salar y allí
hicimos varios intentos
de rodar. Con viento NO de menos de 10 km/hr. de a ratos lo conseguíamos
pero fué más lo que estuvimos parados (durmiendo siesta). El sol quema y
enceguece. Por suerte estábamos bien cubiertos y teníamos capuchas para
cubrirnos la cara y la cabeza.
Como a las 16:00 hs. enfilamos para el Hotel
de Sal con la intención de acampar esa noche con un poco más de reparo.
El camino fue lento. Como a 6 km. del hotel se
murió el viento así que caminamos. El sorojchi nos seguía molestando, me
tuve que tirar a descansar un par de veces. Llegamos muertos al hotel, justo para ver la caída del sol con un grupo
grande de turistas que se había reunido allí (holandeses otra vez, Princesa
Máxima otra vez...). Descansamos un poco y cuando
me levanté para ver el otro lado del hotel, en donde pensábamos acampar,
encontré que el hotel estaba abierto!. La dueña recién había llegado y por
us$ 20 podíamos pasar la noche, con cena y desayuno incluídos (sin
electricidad ni agua caliente). Nos zambullimos en un cuarto!
Fué fantástico. En el hotel
además de nosotros esa noche pararon tres chicas y dos chicos suizos muy
simpáticos. Cenamos todos juntos (sopa de verduras, pollo con arroz) a la
luz de las velas y charlando en cinco idiomas, porque algunos eran del
cantón franco-suizo y otros del suizo-alemán. Nos convidaron
chocolates suizos y un vino boliviano bastante feo. Salimos un ratito a
mirar las estrellas y nos fuimos a dormir antes de congelarnos.
El jueves amanecimos mal por el sorojchi:
mucho dolor de cabeza, pero una aspirina lo arregló. Fueron los últimos
síntomas que sentimos durante el resto del viaje. Nos esperamos entre todos
para desayunar juntos
y nos mandamos un desayuno multilingüe de dos horas! Muy divertido!.
Mientras tanto entraban turistas de las excursiones a visitar el hotel.
Entraron los inglesitos de Villazón!, una alegría verlos.
De viento ni hablar. Estuvimos hasta el
mediodía con una brisita. Los suizos se fueron y nos quedamos con Juano
filmando y sacando
fotos con dos españoles,
haciendo "dos ruedas" con el buggy cargado a full!. En un momento intentamos una
salida hacia el norte, hacia el volcán Tunupa, pero no nos daba ni la
intensidad ni la dirección del viento, así que nos volvimos al hotel y
decidimos la salida del Salar. Llegamos de empopada hasta el borde y allí el
piso era más liso, así que nos quedamos filmando un rato. Después tomamos el
camino de salida, se
terminó la sal y empezó la tierra y pudimos llegar hasta un kilómetro de
Colchani.
En el borde del pueblo visitamos un museo (?)
con figuras de sal y nos fuimos a buscar el único teléfono del pueblo, que
funciona con tarjetas que vende un señor, que se había ido de viaje...
Esperé que la hija del señor saliera de la escuela, la convencí de que me
vendiera una tarjeta y me marcara el número de nuestro taxista (Sr. Santos).
Hablé con el celular del cuñado del taxista que le avisó pero
pinchó una rueda en el camino (UFFF!!!). A las 19:00 hs. nos recogió en la
estación
a la entrada del pueblo y nos llevó a Uyuni, al hotel Avenida, esta vez con
baño compartido (bs$ 25 c/u). Los baños son unisex.
Nos pegamos una ducha (la última del
viajeeeee...) y nos fuimos a pasear por el pueblo (encontramos a los
inglesitos otra vez!), grabar las fotos en un CD y cenar en el restaurante
La Loco (tiene una locomotora adentro).
Buena cena. Me comí un bife de llama (espero
que haya sido la odiosa "llama que llama" del aviso de televisión) y
Juano se comió casi una pizza entera, que lamentó el resto del viaje.
Dormí bárbaro. Se había terminado el sorojchi.
El viernes desayunamos en Kactus, recuperamos
en la estación mis cosas olvidadas en el tren y sacamos los pasajes de
vuelta para esa noche, alistamos el
equipaje, dejamos el
hotel y contratamos una excursión a la Isla Incahuasi (us$ 15 c/u), para
aprovechar el día. 
Fuimos en dos camionetas 4x4, con un grupo de
bolivianos, dos argentinitas muy simpáticas y una neozelandesa. Primero
paramos en Colchani para ver cómo procesan la sal artesanalmente y después
nos fuimos a la isla que es muy pintoresca y vale la pena visitar. Subimos a
la cumbre, vimos los cactus de 1200 años (crecen 1 cm. por año), almorzamos
haciendo ruido en inglés y en español y nos fuimos hacia el norte unos 80
km., al volcán Tunupa. Llegamos cerca, jugamos un rato en la
sal, sacamos fotos raras y nos volvimos.
La Vuelta:
Llegamos a Uyuni medio tarde, pero con tiempo
para cenar algo y abordar el tren Expreso del Sur (bs$ 152) a las 22:15 hs. En el andén estuve
charlando con unos australianos locos que iban a Buenos Aires (cuesta bastante entenderles el
acento...).
Viajamos bien
toda la noche y dormimos. Desayunamos en el vagón comedor
y llegamos a Villazón a las 7:30 hs. del sábado.
Se nos ocurrió que sería mejor tomar el
bus que sale desde Villazón directo a Buenos Aires (bs$ 460), en vez de cruzar la
frontera y embarcar en La Quiaca, para no mover tanto al "Abuelito". Fue un error.
Embarcamos como a las 10:00 hs., hicimos unas
cuadras hasta la frontera y nos comimos como 5 hs. de trámites...!!!
Inmigración boliviana fué fácil, aún cuando yo había perdido mis papeles de
ingreso al país hermano. Pero inmigración argentina es una vergüenza.
Estuvimos cuatro horas en una cola, al sol, parados, sin comer y casi sin beber. Hay
un solo gendarme en una ventanilla ingresando datos con dos dedos en un
teclado. Me dió bronca por nosotros y vergüenza por los extranjeros que estaban
allí tratando de visitar mi país. Y todavía teníamos que hacer aduana, donde el personal no es nada
amable, hay un par de señoras que tratan a nacionales y extranjeros como
ganado. Después de un rato me cansé, llevábamos casi cinco horas allí, fuí a
hablar con el Jefe de Gendarmería, me quejé de buena manera con la Jefa de
la Aduana y en un rato revisaron a todo el pasaje del bus y pudimos seguir.
El bus de Buses Potosí no es tan bueno
como los buses argentinos. Tiene mejor servicio, pero menos confort. Otra vez
estábamos en los asientos 1 y 2 (je!) pero el viaje no fue tan bueno. El
aire acondicionado no alcanzaba y estábamos a más de 30 ºC, y nos habíamos
bañado por última vez el jueves..., la atmósfera era irrespirable (créanme).
En fin, el domingo 22 de octubre a las 16:30
hs. terminábamos en Liniers nuestra expedición al espectacular, enorme y
magnífico Mar de Sal.
Comentarios y Conclusiones:
En tres días pudimos recorrer apenas unos 85
km. Quisimos hacer más. Queríamos cruzar el Salar, por lo menos llegar hasta
la Isla Incahuasi, pero nos faltó viento.
De todas maneras valió la pena el esfuerzo.
Todo el viaje fué fantástico y supongo que debemos tener el récord mundial
de altura de travesía en kiteguggy!
Nos quedaron
algunas ganas de volver otra vez. Ya veremos.
Llegar a Uyuni no es tan difícil, sólo lleva
tiempo, pero entrar
al Salar con los buggys requiere preparación y equipo especial. No se puede
improvisar.
El Salar es peligroso. Más allá de los
antecedentes de gente perdida y muerta de hambre, frío o sed, el piso es
extremadamente abrasivo y cortante. Una caída desde el buggy en movimiento a
cualquier velocidad puede producir heridas muy graves. También lo sienten
las líneas, bridas y kites. Los nuestros se estropearon bastante.
Hay que
entrar con neumáticos nuevos, porque la sal los devora.

También conviene llevar toda la protección posible
contra el sol. Hay que cubrirse todo porque el reflejo del sol en la sal no perdona.
Nosotros llevábamos inclusive capuchas para cubrirnos las caras.
Del frío ni hablar. Hay que prever varias capas de ropa
aislante como para alta montaña (son casi 3700 m.!).
También hay ojos de agua profundos; la
mayoría son pequeños, de unos 10 cm. de diámetro, pero en algunas zonas hay
muchos de éstos, como cada 2 m. en cualquier dirección. Y hay otros más grandes. Cerca
del Hotel de Sal hay uno de más de medio metro de diámetro que si no se vé
puede provocar un accidente o rotura, y cuentan que hay otros de 3 m. de
diámetro...
Yo había
calculado un mínimo de dos litros de agua por día por persona, pero dos litros y medio
es más realista. Llevábamos casi ocho litros cada uno, en botellas plásticas que acomodamos en unas bolsas de
tela resistente, atadas a los laterales del buggy.
El GPS
es una ayuda fundamental. Yo había hecho mucha investigación y generado un
archivo de mapas y waypoints importante, que nos mantuvo ubicados en todo
momento. De todas formas los días que estuvimos en el salar la visibilidad
fué excelente y el volcán Tunupa se veía con claridad a 100 km. de
distancia, así como otros detalles del relieve de los alrededores (sobre
todo en la mañana).
El
Salar de Uyuni es una maravilla de la naturaleza ubicado en un sitio
inhóspito. Conocerlo es extraordinario, pero para poder disfrutarlo en
kitebuggy hay que ir suficientemente preparado.
Si los
Himalaya son el techo del mundo, el Salar de Uyuni debe ser su terraza...
Links:
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Juano se portó como un
señor todo el viaje. Desde el principio de nuestros planes estuvimos siempre
de acuerdo y en todo momento funcionamos muy bien como equipo.
Su experiencia en travesías en
bicicleta y su conocimiento del equipamiento fue muy importante para el
éxito de nuestra aventura.
Espero que haya disfrutado
este
viaje por lo menos la mitad de lo que yo lo disfruté! |
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