Crónica de barriletes viajeros – 134 Km. en un día

 

Por Marcelo M. Fornaso  

 

 

Volar barriletes, andar en triciclo… ¡son juegos de niños! Pero alguien dijo una vez que la diferencia entre los niños y los hombres es el tamaño de sus juguetes.

 

 

Sabemos que para quienes practicamos el kitebuggy en Argentina es un privilegio disponer de las zonas de rodaje con que contamos en nuestro país. Mal haríamos en no aprovecharlas.

Por eso siempre estamos atentos a cuanta extensión, desierto o salina esté disponible para  realizar una travesía. Y algunas ya hemos hecho, pero hace un tiempo que estábamos considerando las playas del extremo Este de la Provincia de Buenos Aires, concretamente las que se extienden desde Punta Rasa (punto habitual de rodaje con buggys o carritos) hasta Villa Gesell o Mar Azul. Más al sur no es posible rodar porque hay una reserva ecológica protegida.

Por eso el martes 13 (julio de 2004) a la noche, cuando ví el pronóstico del tiempo para el próximo fin de semana en esa zona, pensé que esa podía ser la oportunidad para intentar la travesía completa en un día, y regresar por la misma ruta el lunes siguiente, ya que el domingo el viento cambiaría de SE a NE.

Luego, en chat con Nicolás (Prosperi) nos entusiasmamos con la idea y el día siguiente nos reunimos para ir a sacar los pasajes. Para entonces se nos había sumado Mauro (Cabo). Tuvimos un par de días para los preparativos y el viernes a la medianoche salíamos para Villa Gesell. El plan era llevar equipo mínimo y durante la travesía transportar en el buggy absolutamente todo el equipaje. Para ello Nico consiguió un bolso plegable donde cabía su buggy y yo conseguí la ayuda de Juano Casaccione (también piloto y hacedor de velas) para fabricar uno especial para mi equipo.

Cuando llegamos a Gesell, el sábado a las 5 Hs., ya sabíamos que el pronóstico había cambiado un poco, con menos viento previsto para ese día, pero lo íbamos a intentar de todos modos.

Desembarcamos en la terminal y en el mismo andén nos abocamos a la metamorfosis de bultos que transportaban buggys hacia buggys que transportaban bultos. De allí nos cruzamos a desayunar, porque todavía faltaba para amanecer, y a las 6:45 Hs. caminábamos hacia la playa arrastrando nuestros carritos.

El viento era poco, era obvio, pero no queríamos aflojar. Empezamos a caminar para ver si alejándonos de la zona de edificios mejoraban las condiciones. Pasamos el muelle, donde Nicolás sintió que “tiembla el piso”(?), amaneció y cuando ya habíamos recorrido unos 7 Km. decidimos que era suficiente!

Siendo las 9 Hs. salimos con viento de popa de menos de 10 Km/Hr con una Cquad 6.3, una Cquad 3.2 y una Nasa de 6 m2. Inmediatamente reafirmamos que las Nasas sólo sirven para aprender a coser así que la cambiamos por una Cquad 3.2, con la que Mauro pudo avanzar un poco mejor.

A las 10 Hs. se murió el viento y recién estábamos en Cariló, así que aprovechando que una mala maniobra por esquivar unos cuatriciclos mandó mi Cquad 6.3 a su primera lección de buceo… nos reorganizamos y continuamos por la playa, Nico con Cquad 3.2 y yo con mi Cquad 6.3 llevando a Mauro a remolque (que charlaba con las chicas por el camino mientras yo hacía fuerza).  Llegamos a Pinamar recién a las 14 Hs., almorzamos y nos fuimos (caminando 30 cuadras) a la terminal a esperar el transporte hacia San Clemente del Tuyú, que salía a las 21 Hs. y era condicional. Durante la espera tuvimos tiempo de metamorfosear carritos en bultos otra vez.

Llegamos a San Clemente a las 23 Hs., donde nos esperaban Flavio y Mariana (Ferrari) para ir a cenar. Fin de un sábado con frustración.

Domingo 18: Desayunamos a las 12 Hs. Con buen viento del Este Mauro y Nico decidieron dedicarse a actividades sociales así que me fui solo a Punta Rasa. Partí desde el muelle de San Clemente a las 13:30 Hs. con Cquad 3.2, con viento por la aleta y corriéndose a una empopada soporífera a medida que llegaba a Rasa. Me quedé un rato allí y para volver cambié a la Cquad 6.3, que me dio una ceñida muy peleada durante el primer tramo. Llegué de vuelta al muelle como a las 4:30 Hs. y lo crucé para seguir hacia el Sur. Ya a 200 m. de allí me encontraron Flavio y Mariana que traían equipo de rodar, así que nos fuimos andando con Flavio casi hasta Las Toninas y volvimos con viento liso del ENE a 20 Km/Hr alcanzando (nosotros) velocidades de 35 km/Hr, yo todavía con mi Cquad 6.3 y él con un foil Halawa 3.1. Pasamos el muelle de San Clemente, esta vez hacia el Norte, y continuamos hasta el extremo de la ciudad para ir a lo de Flavio de tomar la merienda. Ese día rodé 55 Km. en total. Fin de un domingo entretenido.

Lunes 19: Mauro se volvió a Buenos Aires el domingo a la noche y por suerte pude rescatar a Nicolás de una fuerza superior a una yunta de bueyes… ¡EL PRONÓSTICO DEL VIENTO ERA MUY BUENO! El día ideal para intentar la travesía.

Salimos con Nicolás desde San Clemente a las 10:30 Hs., después de armar el buggy de Nico y resolver una pérdida de aire en una de sus ruedas. ¡Pero no íbamos hacia Villa Gesell sino hacia el Norte! Si la aventura podía ser difícil, ¿porqué no complicarla un poco más?. Decidimos alargar la travesía yendo primero a Punta Rasa, para largar desde allí hacia el Sur. Estábamos listos y equipados. Llevábamos un navegador GPS, dos handys VHF, tres velas cada uno, abrigo, cámara de fotos, cascos, y ni una gota de agua ni bocado para comer…

Con viento del NE de aproximadamente 25 Km/Hr y una Cquad 3.2 cada uno la ida se hizo rápida, con velocidades de rodaje de hasta 45 Km/Hr en menos de 20 minutos estábamos en Punta Rasa. Llevábamos la misma velocidad que las gaviotas, que volaban como suspendidas a nuestro lado.

La vuelta se tornó más complicada, porque la primer parte fue haciendo bordes en ceñida y mi Cquad 3.2 nueva tenía problemas de bridaje. Por suerte usábamos cubiertas con tacos que nos daban adherencia para sostener la ceñida sin derrapar. Por el camino paramos para pasarme a Cquad 6.3, pero con líneas de 40 m. estaba muy pasado, así que volvimos a cambiar y seguimos con: foil Halawa 3.5 y líneas de 40 m. para Nicolás y mi Cquad 3.2 vieja con líneas de 30 m. para mí. Después no hubo ningún cambio de velas en toda la travesía.

Llegamos de regreso al muelle de San Clemente, con rumbo al Sur, a las 12 Hs. Sin perder tiempo seguimos viaje, saludamos a Flavio a la pasada en Las Toninas y a las 13 Hs. estábamos en Mar del Tuyú y 30 minutos después en La Lucila. Los muelles servían para juntarnos y hablar dos palabras, ya que siempre Nico iba adelante. La consigna era mantenerse a distancia visual y comunicarse con los handys VHF si había problemas o novedades.

La rutina en cada muelle era acercarse todo lo razonable, bajar vela, pasar el carro al otro lado, volver y tomar las manijas, ir hasta la vela y pasar el muelle arrastrando las líneas, extender líneas y levantar vela, saltar al carro y salir rápido.

Alrededor de las 14 Hs. pasamos por Mar de Ajó y apenas después de las 15 Hs. llegábamos al faro de Punta Médanos.

Hasta allí las condiciones de rodaje fueron inmejorables. El día estaba soleado, la playa amplia, el viento firme por la aleta de babor y desarrollábamos velocidades de 25 a 30 Km/Hr.

Había pocos paseantes por la playa pero, como siempre, mostraban mucha curiosidad. ¿Cómo se llama eso? Nos preguntaban algunos. Todavía deben estar preguntándose qué les contestamos, cuando escucharon una palabra en inglés de un bólido que pasaba en un carrito desparramando arena. ¿Y cómo vuelven? Querían saber la mayoría. ¡No queremos volver!¡Nos dijeron que el futuro está en el Sur! Les contestábamos para no entrar en detalles teóricos.

Sabíamos que en Punta Médanos las condiciones iban a cambiar, porque el rumbo SO de allí en adelante nos iba a llevar a una empopada y obligada reducción de velocidad. Los primeros kilómetros fueron desesperantes porque coincidieron además con una leve caída en la intensidad del viento. Nos aburríamos. Probamos distintas técnicas. Carro y vela cruzando direcciones, dos ochos a la izquierda y dos ochos a la derecha, cruzando la playa a lo ancho, la vela bien arriba con maniobras cortitas. ¡UFA! Avanzábamos a 10 Km/Hr.

¡Hagamos algo distinto!, dijo Nico, y empezó a hacer piruetas: sentado de costado con un pie en el pedalín opuesto, sentado sobre los laterales, parado en el buggy y dirigiéndolo apoyando su peso de uno u otro lado, etc. Bueno, probemos, dije yo y me paré sobre el buggy, con un pie en el asiento y otro en un pedalín, intentando una suerte de buggy-patineta. Fue entretenido hasta que tomé velocidad y me di cuenta de que no sabía cómo frenar, así que me tuve que tirar antes de que fuera peor… la Cquad se estrelló contra el piso y el buggy tomó por la pendiente de la playa, que era bastante, y se zambulló en las olas del mar a pesar de mis gritos e insultos (hacia el buggy y hacia Nicolás que me propone esas ideas ridículas).

Eran ya las 3:40 Hs. Seguimos tratando de captar todo el viento posible, que para entonces había aumentado levemente. Paramos sólo un par de veces para sacar alguna foto o para ver algún lobito marino varado o lastimado (es una pena, hay muchos).

En un momento vimos un lobo bastante grande, aparentemente muerto, a unos 10 m. del borde del agua. Nico que venía adelante enfiló para pasar entre el bicho y el mar pero cuando estaba por pasar, el lobo, ¡que no estaba muerto!, se despertó y salió corriendo asustado hacia el mar, pasándole muy cerca a Nicolás. Todavía no sé quién de los dos estaba más asustado.

Con bastante trabajo de velas fuimos avanzando y a 14 Km. de distancia (lo verifiqué después con mi odómetro) pudimos divisar los edificios de Pinamar. El sol ya estaba bastante bajo y a las 17:10 Hs llegamos a la ciudad.

La playa con la bajamar queda llena de charcos que hay que ir esquivando. Con viento de atrás la maniobra se complica y en una distracción el foil de Nicolás terminó en un charco. Yo pensé que no iba a poder levantarlo, pero después de escurrirle un poco el agua que le entró y la arena que se le pegó, consiguió levantarlo con dificultad y continuar el viaje. Ahora yo iba adelante porque a Nico la vela, con agua todavía en su interior, se le plegaba en los virajes.

La playa hacia Villa Gesell tiene un sector con mejor rumbo, cerca de Ostende, pero está absolutamente curtida por los vehículos 4x4 y los cuatriciclos. No queda un centímetro sin pisar y la arena removida dificulta bastante el avance. En este caso el viento de popa era conveniente, aunque el avance era muy lento. Cubrimos los 21 Km. entre Pinamar y Villa Gesell, pasando por Ostende, Valeria del Mar y Cariló, rodando a 9 Km/Hr en promedio, pero ya teníamos la meta casi a la vista. Cuando llegamos a Villa Gesell ya era noche completa. Mi Cquad tenía fondo de estrellas.

A las 18:50 Hs. bajé mi barrilete en el muelle y comencé a alentar a Nico por la radio VHF. Apenas veía su vela en la oscuridad. Hacía frío y todo estaba mojado por la bruma marina. A las 18:58 Hs. llegó Nicolás y con un apretón de manos, pocas palabras y mucha satisfacción nos fuimos a buscar algún lugar para comer una pizza caliente, o  dos.

Final: Caminando hasta la terminal de ómnibus (12 cuadras), reconversión de buggys en bultos otra vez (en el andén), y a las 23 Hs. tomamos el coche semicama que nos trajo a Buenos Aires, lejos del viento, la arena y los barriletes.

 

Algunas estadísticas producto de la tecnología GPS:

La distancia total recorrida durante la travesía San Clemente – Punta Rasa – Villa Gesell fue de 133,81 Km.

El tiempo total en movimiento fue de 6 Hs. con 7 min. y el tiempo en detención (cambio de velas, cruce de muelles, fotos, etc.) fue de 2 Hs. con 40 min., lo que hace un total de 8 horas con 47 minutos para toda la travesía.

Durante ese tiempo total la velocidad media fue de 15,2 Km/Hr. pero computando solamente el tiempo en movimiento la velocidad promedio fue de 21,8 Km/Hr., alcanzando una velocidad máxima de 47,4 Km/Hr.

 

Conclusiones de esta travesía:

Como en todos los casos, la elección de un camarada es fundamental. Nicolás es de lo mejor que hay en plaza.

Las Nasas sirven para aprender a coser y rodar en el jardín de casa, pero no para travesías.

Las Cquad vuelan mejor de lo que bucean.

Es urgente la necesidad de que la gente aprenda a mantener limpias las playas.

Los buggys son estados metamórficos de los bultos, como las mariposas y los gusanos que se van convirtiendo los unos en los otros.

 

 

Hay que animarse...

Marcelo M. Fornaso

 

Mail: marcelo(at)fornaso.com

Web: http://marcelo.fornaso.com

 

   
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